Ir al contenido principal

TODO TIENE SU MOMENTO OPORTUNO; UN TIEMPO PARA AMAR

 Todo tiene su momento oportuno; hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo: un tiempo para nacer, y un tiempo para morir; un tiempo para matar, y un tiempo para sanar; un tiempo para llorar, y un tiempo para reír; un tiempo para estar de luto, y un tiempo para saltar de gusto.

Eclesiastés 3:1-4 

Quedar viuda a los 31 años ha sido una de las cosas más duras que he tenido que vivir, estaba en mi mejor momento como mujer donde me sentía más segura, teniendo una relación sana conmigo misma, me había quedado sola.  Mi esposo no tenía ni una semana de haberlo enterrado, cuando nunca falta quien peque por imprudente y diga lo primero que le llegue a la mente sin procesarlo: “Eres joven tienes derecho a rehacer tu vida”, “nadie debe señalarte por eso”, “solo ten cuidado con los hombres que permites que se te acerquen”, “tienes derecho a enamorarte otra vez” y “no te quedes sola”. Esos fueron unos de los muchos comentarios que me hacían.  POR FAVOR, NO LE HAGA ESOS COMENTARIOS A UNA VIUDA, AL MENOS QUE SEA LA VIUDA NEGRA.

Una de las primeras cosas que hice fue tomar toda esa lencería que él me compraba y botarla; pensaba “nunca voy hacer capaz de amar a otro hombre”, “no quiero a otro hombre en mi vida”. Mi comadre mi miraba y sonreía.

—Pilar, tomate tu tiempo, es pronto para que pienses en eso

—Lis, no quiero a nadie, no quiero saber nada de hombres, no quiero volver a saber de hombres en mi vida. —ella solo se reía y me palmeaba el hombro

Después de su fallecimiento algunos amigos de él o los vecinos estaban siendo más amable de lo usual, lo dejaba pasar y mantenía distancia, los únicos hombres que mantenía cerca eran mis hermanos, mis compadres, mi cuñado y mis amigos de siempre. 

Winder y yo con los años hicimos una relación sólida, basada en la confianza, en nuestra individualidad como seres humanos, en nuestros espacios de compartir con nuestros amigos, a mí me gustaba salir con mis colegas a tomar algo un rato e ir a bailar; él no era de bailar, si no de tomar con sus amigos, podía llegar sin problema a donde yo estuviese.    Cuando volví a salir otra vez, salía con mi grupo de amigos o colegas, bailaba, saltaba, gritaba, pero sola, la primera vez que un hombre me saco a bailar, sentí que lo traicionaba, no hubo coqueteo, ni miradas, ni intercambio de número, solo bailé, pero mis pensamientos eran “¿Qué haces bailando con un hombre, y Winder dos metros bajo tierra?”, no me sentía merecedora de un rato de felicidad.

Una profesora de nuestra adolescencia y muy cercana a nosotros, entre tantas cosas me dijo: —Lo que tuviste con Winder, no lo vas a tener con más nadie, tampoco lo busques porque ese amor no se repite—me palmeo y me abrazó, no lloré, tampoco medite en sus palabras, pero si ciertamente mi relación con él fue un sueño, ese amor tan mágico no lo iba a volver a vivir con nadie.  No sé si comparo los hombres que se me acercan, que ninguno me parece estar altura, tuve un buen amor, un hombre romántico que dejo altas expectativas de cómo debía ser tratada, no puedo recibir menos en el amor, sería un insulto después de todo lo que he crecido como ser humano y cómo mujer.

Después de años de sentirme sola, luchando con mis temores, después de arrodillarme a Dios y decir “Señor llévate mis miedos, permíteme amar”, conocí a un hombre que me cautivó la primera vez que lo vi, hizo sacar todo eso que tenía guardado y que a veces me cuestionaba, me hizo replantearme cosas que creí saber, pensé que era el tiempo de darme una oportunidad de ser feliz, sin sentirme mal por ello.    Nunca había salido con alguien más que no fuera mi esposo y ese novio que tuve en mi juventud, solo mi madre y mejor amiga sabían de él, no porque me diera vergüenza, si no por mis hijas, sentía que ellas no estaban listas para verme feliz por un hombre, esas pocas salidas me hicieron dar cuenta que no estaba lista para tener una relación; el tiempo pasa volando y entre mi trabajo, rehacer mi nueva vida, el amor no ha sido una prioridad.

Me siento cómoda con mi tranquilidad, mi soledad e independencia; no ha llegado ningún hombre que me haga replantearme mi vida, e incluirlo en mi dinámica familiar, he decidido estar soltera, hasta que llegue alguien que vaya en mi misma sintonía, proyectos, sueños, vivir en plenitud, respeto, y lealtad, Dios tiene un hombre para mí y cuando esté listo me lo va a presentar, mientras tanto disfruto de este proceso; mis sueños, mis proyectos, mi familia y mis amigos.   

A Winder nunca lo voy a olvidar fue mi primer amor, mi primer hombre y mi mejor amigo, pero el amor que sentía por él se transformó en un profundo agradecimiento.  

Estamos en tiempo donde las personas estamos más conectados que nunca con el mundo, pero desconectados emocionalmente con nuestro entorno e interior, hay que amar, vivir intensamente, exploten de amor, abracen, quiéranse, demuestre lo que sienten a los suyos, porque la felicidad es de raticos. 

 

I'm Yours, you're mine¡¡¡ Ever¡¡

Comentarios