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"MI TRANQUILIDAD ME HA TOCADO MUCHAS TORMENTAS TENERLAS"

 


La capacidad resolutiva que surge después de la partida de alguien es increíble, nos volvemos prácticos e ingeniosos, toca reinventarnos una y otra vez, ponemos nuestras “LIMITACIONES” al límite. En el camino de transitar sin el otro, aprendes a descubrir un nuevo yo.

A veces nos cuesta despedirnos de nuestro dolor, porque en el fondo es lo único que nos queda de esa persona, el auto compadecimiento solo nos hace víctima de nuestro propio sufrimiento.     Se necesita de fe y una gran valentía, en creer que todo llega, todo pasa, y todo cambia, más sin embargo para que llegue ese cambio debemos estar dispuestos a crear nuevos hábitos de vida.

“Las investigaciones de Phillipa Llay han permitido comprobar que se tarda unos 66 días en promedio en formar un hábito, aunque el tiempo real depende de la acción en sí, la persona y la circunstancia (Llay et alt 2010)”. Sea como sea, formar o cambiar un hábito es un proceso que requiere tiempo, no es sencillo cambiar un mal hábito por uno bueno, requiere de un compromiso firme, deseo y la decisión necesaria para darle paso a la luz, y dejar atrás la oscuridad.

LOS HÁBITOS QUE CAMBIARON MI VIDA

Orar: Una de las cosas que me permitió cambiar el cristal para ver la vida, fue aprender a no juzgar, ni a señalar los actos de las personas, mucho menos como sobrellevan su dolor.   Tenía el hábito de leer la biblia antes de acostarme, pero después de su partida deje de hacerlo, no tenía fuerza, las palabras no me daban consuelo, lo volví a retomar cuando me sentí lista, con el tiempo entendí que no solo era leer la biblia, era meditar sobre ello, aplicarlo en mi vida, cómo poco a poco me fue reconfortando que Dios se llevará mi carga.   Ahora es parte de mi rutina, porque solo Dios y solo Él me saco de esa penumbra, oro como un hijo que le habla a su padre antes de acostarme y al levantarme, el día que no lo hago por levantarme tarde o por la premura, es un día que paso incomoda.

Leer: La lectura siempre ha sido mi compañera a lo largo de mi vida, leer te transporta a otra vida a un mundo donde todo puede pasar, pero después de su partida mi género literario lo cambie por ensayos acerca de la muerte, cómo sobrellevar el dolor del duelo, fases del duelo, cómo se veía la muerte en otras religiones, en otras culturas; vida después de la muerte de un ser amado, versículos de la biblia que hablaran del dolor y morir.  Con el tiempo esa etapa fúnebre la deje y comencé a leer cosas más simples, más rosas, más alegres u otros temas, leía novelas románticas o de misterios para distraerme.

Gratitud: Los seres humanos damos todo por sentado, dando por hecho que el mundo es nuestro y los demás están alquilados; no entendemos la importancia que cada día hay que vivirlo en plenitud, cada día estar vivo es un milagro, que las cosas que poseemos no todo el mundo las posee, tener nuestros cinco sentidos y las facultades para conseguir el sustento, no todos tienen esa dicha, vivir sin ninguna enfermedad grave o discapacidad es una bendición; hay datos que reflejan que el 16 % de la población padece una discapacidad y el 95% tiene problemas de salud hasta de cinco enfermedades, el simple pero valioso hecho de abrir los ojos cada mañana, es motivo para comenzar el día agradecido

El dolor me corroía, me hacía tener pensamientos oscuros, paralizaba mi organismo, pero al ver la realidad de otros, lo mío no era tan terrible, no era lo peor del mundo.   Había una verdad irrefutable: quedé viuda a los 31 años con dos niñas, una de 17 meses y otra de 9 años, pero no todo era malo; una profesional que ama su carrera, no quedamos desamparadas económicamente, no estaba sola, tenía una red de apoyo que estaba siempre para mí, este bucle de la vida no me iba hacer perder la fe; porque pude, siempre he podido y podré.   Así que todos los días le agradecía a Dios por levantarme cada mañana con un propósito, de permitirme pintarme una nueva vida.

Enfocarse en lo positivo: Me costó muchas tormentas tener la paz que he obtenido hasta ahora, no me refiero a no tener problemas, sino a saberlos sobrellevar.    Se me ha enfermado la peque saliendo a media noche de una clínica sin quien me acompañe; a veces no tenía ni un peso en el bolsillo; limpié baños porque era parte de mi trabajo, me han humillado por confiada y la gente me ha señalado sin conocerme realmente, pero si algo he aprendido con todas las cosas que me ha tocado vivir es que solo tú puedes permitir cómo te puede afectar eso, al principio es difícil porque los pensamientos siempre te distraen, es como cuando aprendes a manejar, el carro se sale del camino y te toca enderezar el volante, bueno igual los pensamientos vienen un pensamiento oscuro, en ese momento lo cambio por uno bueno, busco de distraer la mente.  En una oportunidad me corté el cabello para hacer catarsis, lloraba en silencio, salía a caminar, escuchaba música, comencé a ir al psicólogo para manejar la ansiedad, hacía lo que me diera tranquilidad para sentirme mejor.

Gracias a Dios ya no permito que las frustraciones del otro las refleje en mí, es su percepción no la mía, no me permito que mis problemas me agobien, mucho menos de los demás.   Pensar solo en problemas no va a hacer que desaparezcan,  no es que siempre ando sonriendo, pero me concentro en las posibles soluciones,  mantengo una actitud positiva y tranquila por muy difícil que la situación parezca.

Vivir en paz: Estar en paz conmigo misma es lo que me genera una verdadera tranquilidad en mi vida; si hoy quiero quedarme en mi casa lo hago sin remordimiento, si no quiero compartir con alguien digo que no, si hay alguien de mi entorno que me está generando mucho estrés sin importar si es familia o no, lo hago a un lado.  Mi tranquilidad me ha costado muchas tormentas tenerla, no me voy a desequilibrar por complacer las necesidades de otro que no entiende mi proceso de sanación.


Los malos pensamientos siempre nos van a rodear, los malos hábitos se encuentran tan cómodos que echarlos toma tiempo, solo hay que tener el impulso y empezar un día

Dándose un baño

Caminar un rato

Organizar la casa

Recoger el cuarto

Hacer esa llamada

Leer un rato

    Solo empieza un día, no importa cuando, no importa cómo

 

 

 


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