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UNA PAUSA PARA VOLVERNOS A ENCONTRAR

 

"No hay nada que acerque más a la vida, que rozar las alas negras de la muerte"

Carlos Cano  

 

ACEPTAR: Recibir voluntariamente algo que se le ofrece o propone. 

No es fácil aceptar la partida de alguien que amamos, no es fácil pintarse una nueva vida cuando tenías una hermosa vida aguardando, lo único fácil es llorar, volver a llorar, y dormir, como seres humanos no estamos acostumbrados a hablar de la muerte, nos aterroriza, nos eriza la piel, pero ¿Por qué nos da miedo hablar de la muerte?, si realmente es lo único seguro que tenemos en la vida. 

Cómo sociedad necesitamos más trabajo en inteligencia emocional, en el manejo de las emociones, menos academia; nos hemos vuelto unos eruditos en muchas áreas, pero analfabetas en lidiar con nuestras emociones.  Dormir es lo único que calma, porque te trae tranquilidad en el sueño no hay llanto, no hay dolor, no hay tristeza solo calma, cierras los ojos para volver a sentir el olor, los bonitos recuerdos de esa época en que éramos  felices con esa persona amada, volver al pasado solo te lleva a pensar “debí aprovechar más el tiempo juntos”

En este punto en que aceptamos que estás viviendo una escena de tu vida,  para la que no estabas preparada, te asfixia, te deja desolado, pero cada etapa que vivimos lamentablemente se necesita, y no la debemos forzar, ni forzar a quienes padecen el duelo con frases como: “Ya pasó mucho tiempo para que sigas encerrada, es momento de seguira él (o a ella) no le hubiera gustado que este así yo sé lo que sientes”;  nunca, nunca, así hayamos perdido a un ser amado, podemos entender el duelo del otro, porque para cada quien es distinto por la relación que la persona tenía con el fallecido, la personalidad del sobreviviente; por la manera en que murió son muchas variables, solo podemos ser empático, pero no sentir el dolor del otro; cada uno tiene su proceso, mi duelo no fue igual al  de su hermano, ni al de mi hija, mucho menos al de mi suegra, es algo muy personal.

Una persona que después de un año, aún se encuentra en negación necesita ayuda de profesionales, nosotras (mi suegra y yo) buscamos ayuda psicológica y espiritual, porque estábamos conscientes que nuestro entendimiento no era suficiente para salir adelante.

Aceptar que un ser humano tan maravilloso no esté y que además haya partido de una forma tan repentina, no fue fácil, reconocer nuestro dolor la tristeza, la amargura, la rabia, el agotamiento es normal y está bien para la sanación interna; por salud mental y por el bienestar de mis hijas necesitaba comenzar el proceso de sanación

Aceptar su partida no es olvidarlo, es aprender a vivir con su ausencia en este plano, pero con su esencia entre nosotros.

Aceptar que ese amor ya no estaba me hizo priorizar, “estamos vivas y debemos disfrutar el tiempo que permanezcamos juntas”.

Aceptar su ausencia física, recoger sus cosas, cerrar sus redes, finiquitar asuntos legales, no es negar su existencia, es dar inicio a un nuevo comienzo.

Aceptar su legado, no es materialista, no es aprovechado, no es egoísta, es eso simplemente aceptarlo con beneplácito y agradecimiento por el esfuerzo de sus años de trabajo, vivirlo austeramente.

Parte de sus tradiciones era celebrar las fechas importantes, siempre me han parecido triviales; pero el con su forma de ver la vida cambio mi percepción.  El día de su cumpleaños a 4 meses de su partida en familia hicimos lo que él le gustaba hacer cuando uno de los adultos cumplía año: ir almorzar fuera, antes de ir almorzar fuimos al cementerio, mis suegros, la familia de mi cuñado y nosotras, comimos sin uno en la mesa, nos sentíamos tristes, pero estábamos tranquilos y unidos; en la casa había cuatro niños entre ellos dos bebes, necesitábamos estar conectados a pesar de nuestra tristeza.

La muerte no es el final del camino, solo es una pausa para volvernos a encontrar, pero mientras eso pase hay que disfrutar el tiempo vivido en la tierra con los que amamos, siendo felices, cambiando el chip de lo que no tenemos, por lo que tenemos y agradeciendo cada día por ello. 

Winder fue una persona adelantada para su edad, haciendo siempre lo que quiso, amando a todos los que tenía a su alrededor, estando para todos aquellos que lo necesitaban, se cambió de carrera tres veces, trabajaba como loco para tener una vida cómoda, tomaba como si no hubiese mañana, era un padre entregado, no faltaba ni a una simple exposición de escuela, un padre que pidió dos semanas de permiso porque a su hija le dio lechina. Así era él

A donde quiera que estemos él siempre va a estar ahí en sus anécdotas, en la risa de Mariale y en la sonrisa de Mafer, sus recuerdos es su compañía dándonos paz.

 

 

 

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