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LO ÚNICO QUE ME HACIA ACTUAR ERA EL MIEDO. Por: María Alejandra Valdiviezo

MARZO 2014

-Hija, podemos hablar

-Dime mami, -¿por qué no me dices que pasó, cuando estaban en el aeropuerto?

-Mami, no me acuerdo.

-Pero haz un poco de memoria - Mami no recuerdo mucho, todo paso muy rápido -mmmm, tranquila hija no te preocupes, después te acordarás... 


... OCTUBRE 2020

Muchos hacen la pregunta de cómo se supera la usencia de un ser querido. Yo creo que sencillamente no es algo que superas, aprendes a vivir con ello. Tenía como siete años cuando pregunté: 

- Papá, ¿Qué pasa si tengo un sueño en que me enojo?

- Te despiertas enojada.

- ¿Y si tengo uno en que me pongo feliz?

- Te despiertas feliz.

Te fuiste y me faltó preguntarte ¿Qué pasa si tenía uno que me provocará tristeza? Cuando partiste no hacía falta tener un mal sueño, para despertarme triste 

 Lo que más esperaba a comienzo de año eran los carnavales (febrero), ya que no celebrábamos Halloween. Me disfrazaba en los carnavales y mis papás siempre fueron creativos; Caperucita Roja, la princesa de las flores, diablillo, de tetero (penoso, esa fue idea de mi madre). Sin embargo, últimamente experimenté mucho los viajes, estar en hoteles, volar, las maletas, todo ese ambiente.

Febrero 2013, no me disfrace porque fuimos a Cuba, pero no hacerlo no fue tan triste. Como consuelo me compraron unas alas, cintillo de mariposas y una barita mágica. Mi hermana se comió sus alas. 

Febrero 2014, otra vez viajaríamos y estaba triste, porque quería disfrazarme con mis amigas, pero cuando escuché nuestro destino me dio igual hacerlo. ¡Nos iríamos a España, lo que más anhelaba de ir y ver la nieve!

Recuerdo que días antes de viajar estábamos en casa de mis abuelos y mi papá decía que le dolía mucho el cuello. Entonces mi abuela le reprochó que fuera al médico, pero dijo que lo haría después del viaje. Para mí, si él seguía sonriendo era que estaba bien.

La noche anterior al viaje quería dormir con mis papás, pero mi mamá dijo: “tengo que darle cariñito a tu papá”. Se fueron abrazados, espero que ese amor no cambie. Esto sucedía, porque no viajaríamos los cuatros como de costumbre, sino que también iban mis abuelos maternos. Eran muchas maletas, mucha gente, muchas cosas, por lo que decidimos viajar por separado. Mi papá, mis abuelos y yo nos iríamos primero; al día siguiente mi hermana y mi mamá.

Me causó mucha tristeza y temor. Primero, porque siempre fui pegada a mi mamá y no estar con ella solo me entraban ganas de llorar; segundo, la idea de estar separados me asustaba, no quería a nadie separado era como dejar mi corazón en una parte; tercero, no es que no me sentía segura con mi papá, realmente él siempre me transmitió confianza y protección, era mucho más cuidadoso que mi mamá, lo que me daba miedo es que tenía solo un progenitor. Era una idea que se me pasó por la cabeza, pero si le pasaba algo a mi papá no tendría a mi mamá cerca y estaría sola. Amo mucho a mis abuelos, pero creo que un niño se siente más seguro con sus padres. Sin embargo, no demostré mucho mi preocupación, porque no quería arruinar el viaje ni el ambiente, pero cada segundo que pasé en el aeropuerto yo quería que acábese rápido para estar los cuatro juntos en España.

Entonces, ese día dejé mi corazón con mi mamá y mi hermana preocupándome mucho por ellas cuando salí de casa. Llegamos al aeropuerto, mi papá se notaba meticuloso con todo lo que hacía, me abstenía a molestar, cuando supe que ya teníamos los boletos me quedé un poco más tranquila con respecto a lo tenso que se notaba. Comimos y papá comió mucho más ese día, estaba intranquilo. Aunque no lo demostraba, yo sabía que lo estaba, luego se comió un brownie y fumó un rato con mi abuelo. Después nos sentamos en un sitio de espera.

En nuestra niñez creo que siempre tuvimos una amiga como autosuficiente por así decirlo. Cuando lescomenté semanas antes que me iría a España, mi amiga me dijo: 

- Cuando yo fui para allá tenía una fila de chicos detrás de mí, me montaba al autobús sola e iba todas partes con mis amigos sola, bla, bla...

Solo oía sola, sola y sola. Quedé medio traumada, porque siempre fui como niña de casa, no me acostumbré a hacer las cosas sin compañía o sin permiso. Mi papá y yo nos sentamos en un sitio bastante cerrado; no recuerdo que hacíamos allí, pero le conté lo que ella me dijo, él me respondió:

 -  Mariale, irás a un lugar desconocido. No puedes separarte ni de mi, ni de tu mamá, y no puedes ir en autobús tú sola. No sabes si alguien puede llevarte, siempre tienes que mantenerte con nosotros y pedir permiso si quieres ir a algún lado ¿de acuerdo?

- Sí, papi

 Entendí todo esto sin ningún problema, porque en realidad era lo que esperaba escuchar. Considero para mí que esas fueron las últimas palabras de él, porque realmente las últimas no fueron muy bonitas…

 El vuelo estaba destinado a partir a las 7 de la noche. Volvimos a nuestro sitio y dijo:

- Vamos a cargar el DS, la tablet y los teléfonos. Son ocho horas de viaje.

 ¡¿Qué?! Nunca viajé tanto tiempo, pensé que los aparatos no aguantarían mucho, y siendo sincera yo tampoco. Cada lugar de espera tenía como una mini torre llena de enchufes y el nuestro estaba lleno. Entonces decidimos irnos a otro, pero no mudarnos sino sencillamente solo para cargar los aparatos. Mi abuelo cogió pa’ no sé dónde, mi abuela se quedó en su sitio, y mi papá y yo nos fuimos a cargar los dispositivos. Antes de irme memoricé bien el lugar donde estábamos. Era como un hábito que tenía, de niña eso me salvó de un posible secuestro (historia para otra ocasión).

Encontramos un lugar de espera extrañamente solo, salvo por un joven sentado en la pared, y una familia que al rato se fue. Conectamos todo, observé hacia los lados, sin DS o tablet, estaba aburrida.

- Papá, ¡juguemos algo!

Había algo que me molestaba, pero no al punto de enojarme, sino que no se tomaba en serio, era este juego:

 - Juguemos a dormir - Tiró su cabeza a un lado y comenzó a roncar.

 - ¡No, papá! ¡No! 

Lo moví, pero no respondía. María, así no lo vas a despertar, piensa y piensa: “Cosquillas”.

 A mi mamá no le gusta las cosquillas. A los dos segundos te manda a quitar, en cambio con mi papá si duraba rato. Inicié por la barriga y se despertó, se reía mucho, me alegré por eso. Luego las axilas, pero era más fuerte que yo, así que pasó bloqueado, luego fui al cuello.

 - ¡Ya! ¡Ya! ¡Mariale, ya! - se reía mucho.

 Paré y quedé sentada, pero él se puso serio.

- Me hiciste cosquillas muy duro, dijo reclamando graciosamente.

 -No, respondí.

 Mi papá paso cinco minutos serio y comenzó a sudar. Se encorvaba y se sentaba, encorvaba y sentaba. Ese patrón lo repitió unas tres veces

-¿Papá, qué tienes?

-Me duele la cabeza.

 Luego, mi mamá llamó. Contesté y le expliqué lo que pasó.

 -Mariale, pásame a tu papá – Le extendí el teléfono.

 -Mariale, dile a tu mamá que la llamo luego – colgó.

 Quedé sola.

 Un adulto con un dolor de cabeza que no le permitía estar estable y una niña de nueve años que no sabía lo que pasaba ni se imaginaba que podía pasar, no hacen muy buena pareja.

 Mi papá seguía con el mismo patrón. Entonces, hizo algo que no me esperaba y caí en cuenta que eso no era solo un dolor de cabeza: se sentó en el piso.

 Con un dolor de cabeza él no tomaba estas acciones. Yo me levanté a acompañarlo y comencé a sentir como poco a poco la responsabilidad empezó a caer en mí. Yo que no sabía mucho ni tampoco tuve experiencias similares, lo único que me hacía actuar era el miedo y la prudencia.

Luego, mi papá tomó otra acción inesperada. Se arrinconó en un espacio donde había una pared de vidrio y un muro, y se acostó allí, nada de esto era como mis problemas, no sabía cómo enfrentarlo. Sencillamente me quedaba callada y lo observaba esperando a que él como adulto tomará las riendas de la situación, pero esas riendas seguían en mis manos, yo tenía varias cosas en la cabeza. Primero, mi papá acostado en el piso; segundo, observar los dispositivos para que no los robaran; tercero, ¿Dónde están mis abuelos?

De repente, tomó la iniciativa de que ya fue mucho drama, el dolor se le pasará solo, hay que atender lo que tenemos ahora, tenemos un vuelo pronto y decidió pararse.

-Ayúdame a levantarme.

Lo hice, pero se cayó, Lo hice otra vez, pero se volvió a caer. Yo era consciente que no tenía la misma fuerza que él, pero pensé que solo tenía que darle un poquito para completar su esfuerzo. Sin embargo, creo que estando enfermo necesita más que los brazos pequeños de una niña.

El joven, que estaba cerca de nosotros sentado en el piso vio la situación. Era de cabello castaño y rulo, amarrado con una cola, supuse que no pasaba de los 24. Escuchaba música y nosotros captamos su atención.  No recuerdo si yo le pedí ayuda o si él se ofreció, pero a fin de cuentas se dispuso a levantar a mi papa. Se levantó, pero se cayó, lo volvió a hacer y se cayó nuevamente. Comprendí que el problema no era yo ni el chico, sino él. Lo primero que se me pasó en la cabeza es que ahora él tendría que usar silla de ruedas, con tal de tenerlo me bastaba.

Entonces, el chico ofreció más de su ayuda y vio a unos militares. Fue hacia ellos y se fueron a lo que yo pensé a buscar médicos. Cuando lo vi con los militares, me di cuenta que esto ya no era un problema común, ya esto sobrepasaba “lo normal” para mí. Mi papá gemía en voz baja, se tapaba la cara y se movía de un lado a otro lentamente.

-        -Coño de la madre, Mariale.

Eso fue lo último que escuché de él.

 

Comentarios

  1. Waooo Mariale, realmente acabo de vivir contigo esta escena y mi niña Dios bendiga tu vida, como escribio Garcia Marquez quede sembrada en mi sitio, realmente fue una dura experiencia y te admiro, eres fuerte y valiente y ademas una excelente escritora. Te deseo a ti, a tu mami y hermana una vida llena de bendiciones y cosas bonitas. Un abrazos. Marge

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  2. WOW!!! Impresionante ���� y excelente a la misma vez, la manera en como captas al lector con tus escritos... Fascinante, tienes un hermoso don ... Dios es bueno y sabe a cada quien darle conforme a su propósito, sabes llegarle al corazón al que lee ... Bendiciones

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  3. Hermosa, siempre has sido y seguirás siendo una niña fuerte, valiente e inteligente, Dios bendiga tu vida! Te mando un abrazo gigante, escribes muy bie... Mientras leía vivía es experiencia contigo.

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  4. Sorprendente!!!pequeña admiro sus fuerzas y berraquera, soy muy valientes...
    Mama tú tan pequeña, como afrontastes eso, Dios te guarde Siempre....Las admiro mucho que buen relato...

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  5. Viví cada palabra escrita por ustedes, un dolor muy fuerte....Dios las bendiga Siempre

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