Ir al contenido principal

Era un pegamento: Por María Alejandra Valdiviezo

La muerte no existe, la gente solo muere cuando la olvidan, si puedes recordarme siempre estaré contigo

Isabel Allende

Al fin vinieron por nosotros, mi mamá ¿dónde está?, pero a los que me encontré no me los esperaba, el papá de una prima, mi odontopediatra, que era muy cercana a mi mamá y mi abuela, bastante extraño, pero me alegré de verlos. Me montaron en su carro y me acurruqué con ella, me acosté en sus piernas con la intención de dormir; tenía miedo de babear, ya que tendía a hacerlo cuando caía rendida. No me pareció nada extraño llegar al apartamento de mi madrina, caminando por el pasillo hacia la puerta de su casa, lo supe, se sentía el ambiente, tenía una atmosfera de muerte a mi alrededor, se sentía un cambio en mi familia.

Abrieron la puerta me encontré a dos de mis tíos con sus esposas, me hubiera alegrado sino fuera por lo que transmitían sus miradas, con suavidad me llevaron al cuarto de mi madrina; lo más profundo de mí no quería entrar a ese cuarto, sabía que al hacerlo se lanzaría una bala y yo sería el blanco, pero cerraron la puerta inmediatamente cuando entré.

Si la atmosfera no era favorable el aspecto del cuarto tampoco, normalmente era elegante, todo negro con closet a excepción de la cama y las paredes, pero esa elegancia se fue con las caras de las personas allí; la luz tuene que te hacía ver todo gris.   Al fin llego mi mamá, mi madrina, Rubén y no recuerdo quién más, solo los divisé a ellos, a los que quería ver.

Mi mamá me sentó en la cama y mi mente decía “No” en todo momento, poco a poco ella explicaba la situación médica de mi papá, aunque no entendía para qué, lo único que escuche fue:

      —Papá se fue, papá murió hija lo siento.

Mi mamá dijo cosas llorando, pero no escuché mucho, solo me concentraba en el “se fue” tratando de encajarlas en mi mente, cómo forzando que una esfera entre dentro de cubo, todo mi cuerpo y mi mente negaban esas palabras, mis ojos eran los únicos que expresaban ese dolor, fue la primera vez que mi corazón se quebró y no supe qué hacer

Tres días y medios de los rituales fúnebres, escuche a alguien decir este  montón de gente que había no eran de otro difunto, sino de mi papá;  “Winder era un pegamento” y a medida que crecí le di razón a ello; en esos tres días y medio no lloré, veía desconsoladamente a mis abuelos llorar, mis primos que se encariñaron tanto con él, amigos, familiares, mi mamá que hasta se desmayó, pero yo no llore, su princesa de 9 años no soltó ni una lágrima

Primero, no estaba acostumbrada a llorar delante de tanta gente; segundo, no quería que me vieran llorar; tercero, no sabía qué hacer con esas nuevas emociones, y cuarto, quería ser fuerte para mí mamá, pero no haber recibido ese abrazo que tantas personas querían darme fue egoísta, porque me porté insensible con mi madre, mis abuelos, mi familia, con todo lo que sucedió después.

Por ejemplo, como quejarme por no haber puesto música en mi cumpleaños, por no haberme dado más días para no ir al colegio por la pérdida y estar con mi familia, como no contarle a mi hermana el maravilloso padre que fue, sino que cada vez que lo mencionaba de repente me enojaba y no quería hablar en absoluto del tema. Era como una caja fuerte de plomo fusionado con hierro, nadie la podía abrir porque ni yo misma sabía dónde estaba la llave;  mi poca empatía era tal que un día mi mamá llorando me reclamó::

Mariale, ¿qué pasa contigo?, ¿por qué actúas como si tu papá no hubiera existido?, se te olvidó lo maravilloso y entregado padre que fue. La gente se muere cuando uno la olvida, negarte a lo que pasó, no va a hacer que el dolor se vaya—Ese día cuando me dijo eso estaba muy molesta, a diferencia de mi ella lloraba, reía recordando cosas de mi papá, decía siempre muchas cosas bonitas de él.

Antes de mis nueve años mis problemas eran un raspón de pierna, un castigo, no ver televisión, discusión con las amigas que a los 5 minutos se arreglaban, perder un juguete, haber mentido, pero ¡la muerte!, era como intentar romper un bloque de concreto con herramientas de plástico. La experiencia que yo tenía con “problemas” no se comparaban en absoluto con esto, los recursos que utilizaba normalmente para resolver “mis dificultades” no servían para enfrentar el dolor más grande que he sentido en mi corta vida, perder al hombre de mi vida.

En consecuencia, surgieron sentimientos y emociones que no entendí, ni comprendí, ni sabía cómo manejarlos ¿cómo hago para que se vayan?, la única solución para mí fue callarlos. Durante mucho tiempo permaneció la herida abierta y con ellas vinieron otras, la importancia de sanar y ver por tus heridas es tan importante, si no le prestas la atención que necesita el dolor avanzar y crece cómo bola de nieve.

Sané el dolor que dejó la pérdida, la tristeza se transformó en agradecimiento, nostalgia y aprendizaje. Cuando lloro es por lo feliz que fui a su lado, nunca vi defectos en él, aunque no era el único buen padre del mundo, pero en mi mundo, eras el mejor de todos papi.

Tal vez les pareció deprimente toda la historia, pero esta historia marco mi vida, nunca logre hablar de ello con nadie explicando todo lo sucedido ese día, expresando todo lo que ocurrió, no hubiese logrado sanar sin Dios y el apoyo de familia, que siempre estuvieron para mí.

Fui una caja fuerte durante muchos años, nadie podía abrirla, porque extravié la llave, pero después de mucho tiempo alguien la abrió sin ninguna dificultad, sin forzar, sin lastimar, vació todo lo que había en ella; el lleno de amor, sanidad y consuelo Dios es el único quien pudo sanar, limpiar y curar mis heridas, incluso la más profundas.

María Alejandra Valdiviezo Atencio 

 

Por mucho tiempo solo quería que me explicara ¿qué pasó ese día?, después de seis años tengo la respuesta que mi alma necesitaba, encontré la última pieza del rompecabezas, solo puedo decir hijo de gato caza ratón. 

Gracias Mariale por compartir tus emociones se lo difícil que fue por mucho tiempo este dolor para ti, donde quiera que papi este, se siente muy orgulloso de la extraordinaria jovencita que te estás convirtiendo, mami y papi te aman. El día que parta para estar más cerca de Dios, cuando sientan añoranza, recuerda que cada una Mafer y tú, tienen lo mejor de ambos.

 

 

 

 

 


Comentarios