Ir al contenido principal

HIZO LO QUE LE DIO LA GANA. Por: María Lisbeth De Abreu

LA CAUSALIDAD NOS HIZO AMIGAS Y EL TIEMPO HERMANAS

Aproximadamente hace unos años 22 años, me fui a un colegio de monjas (impensable) y conocí la que hoy es mi comadre, amiga y hermana.

En esa época ella era una niña enamorada que solo veía por los ojos de su hombre soñado, presumía de su gran amor. Toda orgullosa decía que su novio la iba a buscar al cole, hoy todavía su cara la recuerdo cuando me vio y lo salude efusivamente. (Lo conocí antes por un amigo de él, que fue mi novio en mi época de séptimo grado). Él y yo especialmente no nos llevábamos de maravilla, sin malinterpretaciones, no me llevaba mal con él, ni lo odiaba, ni mucho menos.

Viví su historia de amor casi casi desde el principio. Ese amor adolescente, desenfrenado que no entiende de razones, hasta rayando en capricho. Me llenaba de ira por algunas cosas más que ella, y trataba de hacerle ver que podía haber alguien más, en algún lugar. Con el tiempo me di cuenta de que no podía luchar contra la corriente.  Era él su gran amor, ese para siempre y como le dije a los días de aquel triste momento “esta era la única manera en que ustedes se podrían separar”.

Estaba llegando a una reunión familiar cuando recibí la llamada de Pilar:

Lisbeth, Winder se desmayó, necesito ir al aeropuerto ya, no lo pensé. No había nada que pensar, le dije a mi esposo

 Vámonos a buscar a Pilar, Winder se desmayó. No había nada más que decir. Él me preguntaba ¿Qué paso? ¿qué sabes? Respondí  nada.

Estábamos del otro lado de la ciudad, sin embargo, en poco menos de 20 minutos estábamos buscado a Pilar e íbamos camino a La Guaira. Me pasé al asiento de atrás con ella y le dije:

Tranquila, ten fe, reza conmigo, pídele a la virgen que ella no me falla

Tú sabes que no creo en vírgenes, lo único que te pido Dios es que si te lo vas a llevar no me lo hagas sufrir

Ella lo presentía, sabía que algo malo pasaba, que no era un simple desmayo.  Cuando llegamos, me baje del carro a toda prisa, tenía que saber antes que ella lo que había pasado. Pregunte por él y aquel “doctor” de acento extranjero y frialdad de ver la muerte todos los días me dice  llegó sin signos vitales y no sé cuántas cosas más, trataba de pensar lo más rápido posible ¿qué decir?, ¿qué hacer?

Cuando iba de regreso, José Rubén me preguntaba con la mirada qué había pasado, solo le dije: murió y lo dejé allí. Tenía que encontrar a Pilar, a quien sujete por los brazos y le dije: pasó lo peor. ¿Qué más le podía decir?, ¿Cómo?, le dices a tu amiga, a tu comadre, a tu hermana, que el amor de su vida había muerto. Tengo ese momento intacto en mi memoria, ha sido sin duda una de las peores cosas que me ha tocado hacer en la vida.

Por lo general, soy un encanto, pero en la funeraria me volví un ogro en potencia, cualquiera que tratara de hacer preguntas incómodas o imprudentes y llegara con mensajes lastimosos le gruñía y lo alejaba, no era el momento para revolcarse en el dolor ajeno, viví su dolor como mío, pensaba en las niñas, mis niñas a quienes amo con locura extrema. Muchas interrogantes rondaban en mi cabeza por el futuro de las tres, en aquella funeraria fueron muchas las promesas y planes que se hicieron, tratando de velar por el bienestar de Pilar y las niñas, entre sus primas y hermanos nos organizamos para tratar de distraerlas y hacerles compañía lo más posible.

Todo esto ocurrió a un mes y una semana de mi boda, Dios tengo por testigo que, si Venezuela fuera un país normal, la hubiésemos suspendido sin pensarlo, pero ya todo estaba pago y la devaluación no nos lo permitía. Quizás fue egoísta de mi parte dar por sentado que después de todo lo ocurrido ellas estarían en nuestra boda, hasta que una tarde de esas tantas en que solo iba a hacerles compañía a su casa, me dice con voz firme y sin titubear:

No voy a ir a tu boda, no puedo Lis. Con los ojos aguados le dije

No decidas nada aún, vamos pasito a pasito. Recuerdo llegar a casa buscando consuelo, no podía concebir esta ese día sin ella y las niñas.

Después de mucho llorarle estuvieron conmigo ese día, estaré toda la vida agradecida porque muy a pesar de su dolor, lo hizo a un lado para hacerme feliz.   Al día siguiente revisando los regalos, revente en llanto, allí estaba el regalo de Pilar, Mariale, Mafer y Winder, la tarjeta decía “acepten el regalo ya estaba conversado, él se los quería dar”. Eran dólares y pensaba que en ese momento ellas lo necesitaban más que nosotros, el coño (de Winder) siempre haciendo su voluntad.

Cuando pensamos en esos últimos días de la vida Winder por este mundo, es imposible no pensar que hizo lo que le dio la gana, siempre que iba a mi casa terminaba diciéndole que se fuera, que yo necesitaba dormir, porque le gustaba tomar y hasta tarde, una semana antes de partir, estuvimos en mi casa todos, bebimos, nos reímos, creo que bajo a fumarse un tabaco con José Rubén, todo por llevarme la contraria. ¡No podía ser de otra manera y se fue a la hora que quiso, creo que fue la única que vez que no lo maletee!

Pilar pasó una etapa muy gris, me preocupé muchísimo por ella, estaba muy vulnerable o al menos eso pensaba yo, tanto que fui hablar con un sacerdote amigo para que me orientara para ser más útil en su vida. Después de explicarle lo ocurrido, me preguntó:

¿Ella es una mujer fuerte?,

Sí, siempre lo ha sido, puedo contar con una mano, las veces que la he visto llorar (más de 15 años de amistad en aquel entonces)

Dale tiempo, ora por ella y por las niñas, ellas superarán esta dura prueba.

¡Así fue! Pilar tiene una frase que ahora cobra más sentido que nunca, EL AMOR NO SE VA, SE TRANSFORMA. El amor no es lineal, es dinámico, se transforma con el tiempo… Y el de ellos sé que supera este plano.

El compa y yo teníamos juegos pesados, nos chalequeábamos duro y crudo, hoy sería considerado bullying hasta de psicólogo quizás, pero muy a nuestra manera nos quisimos, y siempre, siempre lo tengo presente. 

Para mí tenía un millón de defectos como hombre, pero sin duda hay algo que no le puedo quitar es que fue un buen padre, hijo, amigo y esposo. 

 


Comentarios