"Nacimos del mismo árbol, puede que nuestras ramas vayan en distintas direcciones, pero siempre nos unirán nuestras raíces"
Eran las 5 o 6 de la tarde no recuerdo, estaba en mi
trabajo en Protección Civil, con mis compañeros de turno hablando, esperando
para salir a cualquier emergencia, nos estábamos tomando un café cuando recibí
la primera llamada, la esposa de mi hermano
—Wíllmer ¿Dónde estás?
Winder se desmayó
—En mi trabajo, ¿dónde más,
Pilar? eso no es nada, además estoy de guardia
—Llamé a la persona
equivocada, chao.
Días anteriores a su muerte, conversamos acerca de la
posibilidad de emigrar, pero me dejó claro—Tenemos que ver por Myriam y Antonio y nuestros hijos, no
quiero trabajar para alguien más, quiero ser el dueño de mi futuro, al regreso
de mi viaje debemos hablar seriamente. —Conversación que nunca se dio, yo estaba en mi mundo,
absorbido en un no sé qué, me creía invencible y que nada podía afectarme, ni a
mi gente, vivía creo que uno de mis mejores momentos de la vida.
Una segunda llamada de mi casa me puso en alerta. Era mi
padre y llorando me dice lo mismo:
—Hijo, vamos al aeropuerto,
algo me dice que está mal
—Papá, cálmate, no te
preocupes él está bien; yo paso por ti. ¿Dónde nos encontramos?
—Nos vemos en la parada de
Gato Negro, para ir a La Guaira
Le informo a mi jefe de guardia que me retiro. Le
dije
—Mi
hermano se desmayó, mi familia está preocupada, tengo que ir a La Guaira—. Primera vez que me
ausento en mi trabajo, no lo hice ni cuando murió mi abuela. Mi mente es
excelente para borrar sucesos trágicos, no sé si para protegerme o por falta de
valor para enfrentar el dolor.
Cuando llegué a la parada de Gato Negro, ahí estaba ese
hombre que había dado tanto por nosotros, desconsolado porque no sabía el
estado de su hijo menor, abordó el carro y nos dirigimos a La Guaira. Mientras
conducía, él lloraba y le pedía a Dios que ayudara a su hijo, que no se lo
arrebatara
—Tranquilo papá, es solo un
desmayo, todo va a estar bien, ya lo encontraremos con una cerveza y riendo.
De nosotros dos, él era el alegre, el jodedor, pero el
destino nos deparaba algo más. En la vía nos llama su suegra: — Willmer, vamos al hospital de Pariata
en ambulancia, m dijo no respira, ni reacciona a los llamados. — En ese momento sí pensé “ey aquí pasa algo, no es
un simple desmayo”
Una semana antes cuando hablaba con mi madre
—Winder se siente mal, el médico
le dijo que tenía laberintitis, que debía ir al otorrino para hacerse un chequeo
médico más exhaustivo, le dije que fuera, pero ya sabes cómo es él, que cuando
regrese del viaje, le dije que no se fuera de viaje sin ir al médico.
Al llegar al hospital, rápidamente entré a emergencias,
creo que al llegar estaban algunos familiares, pero no los dejaban entrar, por
estar uniformado entré como Pedro por su casa sin problema alguno. Conocía el
hospital porque había realizado cursos ahí.
Busqué al personal de la ambulancia, los cuales no querían
decir nada cuando los encaré, pero respondieron: — “Lo lamento, llegó sin signos vitales”. — Seguidamente busque al médico,
que me dijo lo mismo:
—Llegó sin signos vitales,
¿usted qué es de él?
—Su hermano
— Lo siento.
Salí y de la emergencia como si no me hubieran dicho nada,
seguidamente le digo la fatal noticia a mi padre y familiares que se
encontraban ahí.
—Winder
ha fallecido.
Mi padre partió en llanto, al igual que mis primas y primos
que llegaron para saber de él, muy querido y apreciado por toda nuestra familia
paterna, él compartía mucho más con ellos que yo. Debido a mi personalidad,
carácter y mi trabajo no compartía tanto como mi hermano.
El trámite de darle sepultura a una persona en Venezuela, es
una pesadilla de otro nivel, primero el reconocimiento en la morgue, luego la
policía judicial me informa que hasta que no se haga la autopsia no entregan el
cadáver. Como el destino del viaje era España, creían que iba cargado de
droga, a lo cual le digo — “mi hermano iba de turismo, no tenía
necesidad de eso, pero está bien es el protocolo” —. Por fin lo entregan y lo trasladamos a la funeraria,
mientras eso ocurría mi cuñada, devastada por la situación, no hallaba cómo
enterrarlo ya que su seguro funerario no cubría los costos del cementerio. — “Wílmer, no tenemos parcela, ¿qué
hacemos?” —, preguntó, Llamo a mi trabajo para
ver si me podían ayudar
— ¿Qué necesitas, la
funeraria o la parcela en el cementerio? por ser tu hermano podemos incluirlo y
que te cubra alguno de los servicios
—Solo necesito la parcela
en el cementerio, lo demás ya está cubierto.
Después de ir a su casa a buscar ropa, me tocó ayudarlo a
vestir en la funeraria, pero no igual como cuando éramos unos niños; era para
despedirlo.
Luego de toda la corredera, nos fuimos al Cementerio del Este,
mi madre, que estaba dopada con medicamentos, la habíamos mantenido al margen
de la situación. Estaba consciente de la muerte de mi hermano, pero estaba
desconectada de la realidad. Mis padres no le dieron el último adiós, se
quedaron en la capilla de la entrada, bajé hasta el lugar donde estaban
familiares y amigos, compañeros de trabajo y allegados, nunca había visto a
tantos juntos; incluso, amigos que tenía años sin ver, gente de mi vida con la
que nos habíamos dejado de hablar, pero estaban ahí por mi hermano, fue alguien
que siempre se supo dar a querer, entre llantos y los rezos del padre, culminó
ese momento.
Al frente de su urna estaba mi cuñada, sus dos mejores
amigos y yo. Seguidamente se me acerca uno de mis tíos y dice
—Sobrino, su papá y su mamá no están, así que usted dirá.
A lo cual yo, sin una sola lágrima, contesté
—Ya
está muerto, no hay más que hacer, bájenlo.
Los amigos y familiares le daban el pésame a mi cuñada y a
mí. De mi brazo estaba mi compañera quien me dijo: — “llora lo que tengas que llorar” —. Hasta la fecha no ha sido posible
botar una lágrima por su partida.
Nosotros no éramos los súper hermanos unidos, de jóvenes
chocábamos porque él era desordenado, tomador y le encantaba andar con sus
amigos, en cambio soy más del tipo solitario, adicto a mi profesión, pero nos
entendíamos. Después, cuando ambos tuvimos familia, nos conectamos de una forma
especial, de hacer planes en los cumples, los fines de semana, las fiestas
navideñas. Mi hermano fue un ser muy especial para muchos; una persona fácil de
querer que estaba ahí para todo aquel que lo necesitaba, cosa que siempre
terminaba ocasionando problemas para todos.
De los días posteriores a su partida tengo muy poca
memoria, sé que muchos pensaban que no podía ser capaz de llevar la carga de
ser el hijo único de mis padres. Luego de lo sucedido ha mejorado la relación
con ambos, he aprendido muchas cosas que necesitaba para sobrellevarlos
mejor. María del Pilar sigue siendo mi cuñada, el contacto no lo
hemos perdido por él haber partido, mi hermano me dejó dos niñas y una hermana
que quiero mucho, seguimos siendo una familia, ahora ellas allá en Colombia y
yo en España.
Un año después de su partida, pasé por una situación que no
se la deseo a nadie, vi como asesinaron a un gran amigo, razón por la que tuve
que emigrar de mi país y dejar a mis papás solos. Espero algún día poderles
retribuir todo el amor y apoyo que siempre me han dado.
En cuanto a la muerte de mi hermano, mis sentimientos por
su partida están ahí encerrados en un baúl del cual no sé su ubicación, ni
dónde está la llave, pero que cuando lo consiga me traerá mucho arrepentimiento
y tristeza
Adiós, hermano.
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