El auto perdón no es fácil obtenerlo,
no es sencillo reconocer nuestra falla, porque nuestros pensamientos son
feroces e implacables, la mente es difícil de persuadir cuando estamos pasando
momentos de depresión. Después de su muerte, todos los errores, las
peleas, los malos entendidos del pasado comenzaron a generar caos emocional, la
vergüenza no me permitía decir lo que sentía en voz alta, al escribir sentía
que soltaba un poco la carga.
Los pensamientos me distraían de mi
realidad, a veces no podía controlarlos trataba de enfocarme en otra cosa, en
el pasado era difícil reconocer mis fallas, porque el ego siempre quiere ir de
protagónico, no es capaz de dejarnos ver que somos humanos, imperfectos capaz
de cometer errores, a veces no intencionalmente. Según los psicólogos hay tres
maneras de perdonarse uno mismo: Se hace lo que se puede con lo que se tiene,
en el momento del fallo hacemos las cosas con lo mejor que tenemos; después de
lo ocurrido es que surge el aprendizaje, el pasado no lo podemos modificar es
historia, así que autocastigarnos por no haber hecho las cosas diferentes, no se
puede cambiar, debemos seguir adelante y aprender de ello; segundo, el perdón
nos libera, nos quita la carga; el reproche no nos permite avanzar; por último,
lo más importante, si de un fallo obtienes un aprendizaje, no estas fallando,
estás aprendiendo.
¿Por qué? es tan sencillo perdonar a
otros cuando nos hacen daño, pero cuando respecta a nosotros mismos, es una
lucha titánica. Me perdoné después de muchos años de su partida, solo el simple
hecho de estar viva y el muerto, para mí era algo difícil de procesar, sentía
que no era merecedora de los ratos de felicidad, dicen que al escribir desnudas
tu alma, pero solo quería quitarme el peso que me desconectaba de disfrutar la
paz y tranquilidad de estar viva:
- El día que falleció no atendí el sinfín de
llamadas, por estar dormida, la insistencia de hablar conmigo era
porque necesitaba oírme para calmar su ansiedad.
- En los momentos difíciles de nuestra relación,
solo quería que Dios se llevará mi dolor y lo sacará de mi corazón, creo
que me oyó.
- Mi vida entera siempre ha sido la educación, para
ella siempre debía estar actualizada, el hecho de estar haciendo un
postgrado e inscribirme en un diplomado, dando clase en tres sitios, un
bebe y una niña, eso genero una gran pelea, por el tiempo y lo económico.
Lo último que recalco: “no quiero que en el futuro mis hijas crean que
no te apoyaba, pero me pones a parir”, el pensamiento que me vino fue:
“después del viaje quiero que salga de mi vida”.
- A veces era caprichosa, exigía tantas cosas de él
cómo como hombre, padre y esposo.
- Las malas experiencias de nuestra relación, dio cómo
resultando una mujer bastante fría, olvidando los lazos de amor que una
vez tuvimos.
- Disfrutar de todos los beneficios que con su
partida surgieron
- De fijarme en otro hombre.
Me sentía culpable y merecedora de
esos pensamientos, porque él no estaba y yo disfrutando de la vida, necesitaba
dejar de sentir culpa; estaba delgada, lloraba cuando nadie me vía, pero ya no
era solo el dolor de su partida, si no por lo que pude haber hecho y no hice,
la culpa estaba haciendo estragos en mí. Comencé por lo básico:
· El libre albedrio no podía hacer nada para cambiar lo que había
pasado, Winder tomo malas decisiones con respecto a sus hábitos alimenticios,
sedentarismo, estrés.
·
Todas las cosas tienen su propósito, solo es cuestión de tocarse
el alma y saber cuál.
·
Reconocer que más allá de las fallas, soy humana que cada cosa que
pasaba en nuestras vidas era parte del plan.
A veces pensaba si él estuviese vivo
con todos los cambios que surgieron después de migrar, comenzar de la
nada, la soledad de no conocer a nadie, pasar de tener un hogar, a perder la
privacidad de mi familia, dejar atrás mi carrera, para pasar a limpiar baños y
barrer moscas de pollo ¿Que propósito tenía?
Winder tenía claro su propósito cuando decidió ser padre, en el momento
que Mafer nació se volvió más entregado de lo que ya era, dejo de fumar, bajo
el consumo de alcohol, su prioridad éramos nosotras y su familia de origen, en
una oportunidad en unas vacaciones viendo a Mafer correr para todos lados y
cuando la llamo, ella volteo se fue corriendo hacía el, una escena tan
conmovedora, viendo a su pequeña niña de rizos dorados con la cara de él
—¿Es hermosa verdad?
—Si, tiene tu cara
—Al fin pego una— Mirando a Mariale—Lo único que tengo claro, es
que estoy apostando todo por el futuro de ellas dos, que sean unas buenas
personas.
Ahora, igual estoy haciendo yo. Mi
hija mayor necesitaba perdonarse y perdonar a Dios; ella se inició en los
caminos del Señor y se volvió en la mejor de su clase, con beca por buen
rendimiento como alguna vez lo hicieron sus padres. La “peque” dejó de ser
un bebé para ser una niña inteligente, irreverente y suspicaz, para tener mi
carácter, nuestra inteligencia y picardía de su papá, ella era la viva estampa
física de mi esposo. A veces me le quedó viendo profundo a los ojos y ella solo
sonríe, siempre me dice:
—¿Qué te pasa?, ¿Por qué me ves así?,
es porque parezco a mi papá, ¿verdad?
—Sí hija, tienes la misma mirada que
él—Sonríe aún más, con la misma sonrisa picará de su papá, mi alma se llena de
una alegría inmensa.
Cuando tenía momentos de felicidad o
solo tranquilidad, mi mente me quería llevar otra vez a momentos de rechazo;
pero merezco esto, merezco ser feliz, merezco estar orgullosa de mis hijas, no
tengo el poder de cambiar lo que pasó, pero sí de lo que mis pensamientos
quieren hacer en mi vida: el ejercicio, la meditación y caminar me ayudaron
mucho, sobre todo, leer y escribir para dejar el dolor agudo y la culpa
atrás.
Después de muchos años me siento en
paz con su partida, mi amor por él se transformó en un profundo agradecimiento
por lo que me dejo, sabiduría, unas hermosas hijas, coraje para saber que puedo
y podré, humildad para reconocer que no soy perfecta.
Agradezco estar viva para
mí y para mis hijas, no es un día más, es un día menos; vivo cada día en
plenitud, agradeciendo los momentos de felicidad.

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