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LOS GRITOS DE SU CORAZÓN. Por: Eder Atencio

 

Afuera escuché a un hombre llorando sin consuelo, era mi suegro con su corazón partido en mil pedazos, su niño se había ido. Seguí caminando, tomé mi teléfono e hice cuatro llamadas, que dentro de mis minutos de lucidez creí que eran importantes: llamé a mi hermanito (Eder), a una amiga del trabajo, a mi jefe y a su jefe. Tiré el teléfono y me senté a llorar en una acera.

Eder Atencio

—Esa noche aproximadamente a las 7 de la noche recibí una llamada de mi hermana:

—Hola hermano, Winder se desmayó.

—Hermana ¿cómo así?

—Eder, Winder se desmayó y no regreso, hermano Winder se murió; comunícate con mi mamá

Mi mente no lo procesaba esperaba que fuese solo un malentendido, una confusión de los nervios de mi hermana. Luego de esa llamada, decidimos (mi esposa y yo) llamar a Mary, pero estaba muy nervioso, me entró una gran angustia y esperaba que fuera cualquier otra cosa, pero no la muerte. Esa negación que tenemos de no aceptar la muerte, no la aceptamos es porque Dios nos creó para vivir para siempre y es por eso que muchos nos negamos a esa idea, pero en este caso, fue sorpresiva sin previo aviso, haciéndola aún más dolorosa. Saber que no vas a ver más a esa persona, siendo tan joven con familia y que tenía muchos planes en la vida, genera la pregunta ¿Por qué?

No sabía qué hacer y entré en desesperación y lo primero que pensé fue ¿Cómo debe de estar mi hermana? Durante esos momentos mi esposa me tuvo que abofetear porque no coordinaba y me veía confundido.

—Eder organiza tus ideas, es momento de que estén para María del Pilar

Luego de eso, llame al resto de mis hermanos y a nuestras primas. Decidimos bajar al aeropuerto mi hermano Jorge, una prima con su esposo y mi cuñada. Durante el camino no hablamos mucho, me pareció que llegamos en 5 minutos, todos nos encontrábamos desconcertados.

Al llegar al aeropuerto, busqué con desespero a mi hermana. Al momento de vernos nos dimos un gran abrazo y lloramos, sentí que su pena por un segundo se volvió nuestra.   Trataba de contener las lágrimas para estar fuerte delante de ella, para darle todo el apoyo que necesitaba, pero también estaba muy triste con un profundo dolor, había muerto un padre amoroso y entregado, esposo fiel y enamorado, mi cuñado y amigo de muchos años.

Creamos un lazo desde el inicio de su noviazgo en la adolescencia, no fue fácil enfrentar al resto de mis hermanos, por la buena relación que mantenía con él.  Mi hermana, por ser la única hembra entre cuatro hombres, fuimos y somos bastante celosos y sobreprotectores con ella

Desde esa noche no me separé de ella por muchos días, mi deber era estar ahí para ella, no podía dejarla sola, estaba muy abatido, pero me hacía el fuerte para no llorar.

María del Pilar siempre se mantuvo muy serena, pero en su rostro se reflejaba un vacío profundo, como si le hubieran arrancado parte de su vida: hacía las cosas por inercia; en muchos momentos, abundaba el silencio y era suficiente para escuchar los gritos de su corazón, al saber que ya no tendría a su compañero de vida.   El día siguiente después del suceso, me toco quitarle el celular, porque cada llamada que entraba para contar lo que paso, era llorar y llorar.

—Ya no más, entrégamelo que yo me encargo.

Todos en la familia y amigos cercanos, no expresábamos con palabras, pero si con lágrimas lo que sentíamos, pero no hacía falta porque en nuestras caras demostraban un profundo dolor por la pérdida de un extraordinario ser humano y el dolor de María del Pilar

No olvido el rostro de mi padre, de cómo ver el sufrimiento de su hija por la pérdida de su esposo, siempre estaba aislado, perdido. Después de muchos años de tensión entre ellos por la protección y amor que cualquier padre siente por su hija; habían creado lazos fuertes de afectividad los últimos años, amigos de tragos y de conversas hasta la madrugada, él también había perdido un amigo; Mary era la madre que perdió al hijo que nunca tuvo, siempre estaba proactiva, pero la escuchaba llorar de a ratos.

Varios días pasé con María del Pilar, acompañando su pena para lo que necesitara, pero sobre todo con apoyo emocional, no era el único que estuvo ahí para ella, muchos vinieron a hacer compañía.       Lo que rondaba por mi mente era, ¿Cómo va a hacer después que todos volvamos a nuestras rutinas de vida?, ¿Qué será de ella estando sola? Mi hermana siempre ha sido una mujer de carácter y con mucha fortaleza, pero la veía tan apagada, que me preocupaba lo que ocurriera cuando la marea bajara.

Agradezco mucho a mi esposa que me apoyó, recordando quién era la prioridad en ese momento: — “Quédate el tiempo necesario con tu hermana para que la acompañes” —. No fue fácil volver a mis responsabilidades y dejar a mi hermana sola con las suyas.

Creo que es importante el apoyo de la familia en esos primeros momentos, luego de que la marea baja, es necesario una llamada, organizar reuniones, comidas, cosas que la permitan a los sobrevivientes más cercanos, mantenerse a flote, muy a pesar del dolor en el que transita,

Nosotros poseemos una conexión muy fuerte, es única, siendo una de las personas que amo con todo mi corazón, somos amigos y compañeros; más que la sangre, somos hermanos del alma.

Llevo en mi corazón el día que nos pidió a mi esposa y a mí, que si ella llegase a faltar fuéramos nosotros los responsables de la guarda y custodia de las niñas, que no confiaba en más nadie capaz de criar a las niñas con amor y disciplina. 

             Espero que ese día nunca llegue, veas a tus niñas crecer

 

Solo espero poder corresponder a tu amabilidad y amor durante todos estos años, querido hermano...

María del Pilar Atencio

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