Para mí no es nada
fácil, tanta frialdad
Nuevamente te soñé y sigo preguntándome
Por qué me desperté justo en el momento en que
Yo te besé, por qué te has ido
Te Soñé -Vicente García
Mi corazón sentía que le faltaba
una parte, pero igual no dejaba de bombear, vivir sin propósito se volvió mi
nueva normalidad, la misma rutina todos los días levantarme, un baño, arreglar
las niñas para llevarla al cole e irme a trabajar, las personas me veían con
pesar. Pocos me trataban con naturalidad,
era la misma persona de siempre solo que estaba apagada; en los momentos
oscuros sientan compasión, empatía, pero no lástima por nadie, no soy una
persona emotiva, pero si sentimental, verme envuelta en la tristeza de perder
mi primer amor y la cotidianidad de mi día a día sin él, daba como resultado
que las lágrimas llegaran solas sin mucho esfuerzo.
Llorar en el trabajo se
había vuelto una rutina, lo hacía escondida en el baño, ver los salones ya no
me provocaba orgullo, alegría o nostalgia, ahora era solo tristeza, porque eran
los mismos que hace unos años él y yo compartimos siendo adolescentes. Mis
estudiantes en esa época fueron los mejores del mundo, llegaba con mi cara roja
al salón, me sonreían, tenía las secciones más desordenadas, adolescentes al
fin, pero cambiaron, se volvieron dóciles, tranquilos, me hacían reír con sus
ocurrencias, prestaban atención, fueron compasivos con mi dolor, mejor que
muchos adultos.
Me sentía impotente porque
no quería seguir llorando, quería que el dolor mermara, quería que mi vida
tomará rumbo nuevamente, no le encontraba sentido a la vida sin él, pero una amiga,
me dijo solo supera el día de hoy, no
pienses en el de mañana, solo vive el día de hoy, vive UN DÍA A LA VEZ.
Se volvió una regla de oro para
todos los momentos difíciles de mi vida, solo un día a la vez.
Tome la decisión de cambiar mi guardarropa, no quería
vestir de colores, vestir de negro era sencillo, aunque tenía muchas razones
para vivir me sentía como una nube gris; pensar en que ponerme era un trabajo
que me quería ahorrar. Había días en los que no quería hacer
nada, estar todo el día en la cama era el camino fácil, pero eso era un lujo
que no me podía dar, tenía compromisos que cumplir mis trabajos, mis hijas
y la casa. Estaba agotada mentalmente, solo quería desconectarme un día,
llorar, dormir y descansar.
Había recogido casi todas sus cosas, ahí quedaba una gaveta
con algunas prendas y otras en el armario, todas las noches me ponía su ropa
para dormir, revisaba su celular, leía sus mensajes, veía sus fotos y olía su
ropa, con el tiempo esa rutina se fue perdiendo.
Pasaba más tiempo en casa de mis
suegros que en la mía, éramos los cuatros protagonista de un mismo dolor, pero
en diferentes enfoques, el de la madre que es un amor sin condiciones y
entregado, el del padre que crea un vínculo fraterno y fuerte, el de la pareja
que ama con toda la intensidad de su cuerpo y alma, el de las hijas de su
héroe, su primer hombre. Siempre habíamos sido unidos, permití que ellos
estuvieran involucrados en todo lo concerniente a ellas, después de su partida
nuestros lazos se hicieron más fuertes, mis hijas para ellos han sido como las
nietas de una hija, tienen un vínculo especial, con su ausencia se reforzó más.
19 de abril de 1810, firma del acta de la independencia en
Venezuela
19 de abril 2013.
Cualquier día libre, era bueno para
descansar y hundirme en mi tristeza. Tome una siesta en su cama de la
adolescencia, me quede dormida abrazando la almohada, llorando por su ausencia,
los días en que mi tiempo no estaba ocupado por la rutina, eran los más difíciles
de sobrellevar.
Soñé que estaba en un prado,
había una montaña frondosa, de repente sonó un campanario
salieron muchas personas, ahí estaba él caminando hacia mí con su sudadera negra
y su camisa sin manga azul oscuro, pero con el corte de siempre, no el que
tenía al partir, corrí con fuerza y lo abrace tan fuerte que para él fue
difícil despegarse, me le monte encima, como nunca lo había hecho, me bajó
con cuidado y me sonrió. Le toqué la barba, la cara, sus labios.
—¿Cómo estás? — le dije
— Ahora bien. — Escuchar su voz me
dio tanta paz
— ¿Y las niñas?
— Están bien,
extrañándote mucho. Sonrió y bajo la mirada,
Comencé a pellizcarme, porque no podía
creer que esto era cierto. Me quitó las manos de los brazos y me dijo — “soy yo, deja de
hacer eso” —. Era una paz la que irradiaba, una
calma con la que me hablaba, en el sueño duramos muchas horas hablando en la
grama. Recuerdo risas, abrazos, su mano limpiando mi rostro de las lágrimas,
pero hoy todavía no recuerdo que hablábamos. Luego volvió a sonar el
campanario, se paró y me paró. Mis ojos se llenaron de agua, porque sabía que
era el momento de despedirse, todos los que había salido comenzaron a
despedirse y a irse de nuevo a la montaña. Su cara no era de tristeza, era paz,
pero a la vez, de pesar. Lo único que le alcancé a decir fue
— La muerte no va a
hacer que olvide lo que siento por ti. Te voy a amar siempre, — lloré por tener que
decirle adiós. Me secó las lágrimas y se
fue, fue el último en entrar. Volteo y me sonrió con esa sonrisa pícara.
A pocas personas les he contado el
sueño, sentía vergüenza por mis creencias religiosas, porque estaba consciente que
las personas cuando mueren, caen en un sueño profundo, no sienten nada, pero
ese día mis brazos me dolían por los pellizcos y mis ojos estaban hinchados de
tanto llorar. Ese día dejé de llorar sin consuelo, para aceptar que mi primer
amor se fue, ese día dejé de tener miedo a la muerte, porque del otro lado
había alguien que me esperaba. No sé si
algún día me voy a volver a enamorar, o que un hombre sea capaz de ver lo que
él vio en mí, pero algo tenía claro, mi amor por él siempre estará ahí
resguardado como un tesoro. La muerte no me puede quitar todo lo que en ese
sueño viví, Dios obro lo trajo a mí, para darme la calma que necesitaba “los milagros están en todas partes”, tengo total certeza de eso, lloraba,
pero no con la misma frecuencia e intensidad que antes.
Mi fe en Dios se había fortalecido, me
sentía fuerte porque me arropaba en cada decisión que tomaba, y cada cosa que
sucedía era un milagro por muy pequeño que fuera, el Señor tejió una red de
apoyo para mí, con todas las personas a nuestro alrededor dándonos apoyo y
compañía, muchos reclamos fueron por sus amistades, pero hoy en su ausencia ellos
fueron parte de esa red, cada uno de una forma especial estaban presente.
Agradezco por el gran hombre que fue y las amistades que cultivó.
Al cementerio íbamos todos los meses,
algunas veces todos en familia, otras sola con mi comadre, me sentaba en su
tumba, tocaba la grama y pensaba cómo terminaste aquí, tú eras más que esto.
Uno de los tantos días que fui, lloraba horrible, mi comadre solo me veía en
silencio, después me tomó por los hombros moviéndome a la tumba que estaba al
lado y me dijo: — Coma esta
es la del compadre, no sé a quién le lloras tu ahí. — Ese día me reí como nunca, reía y
lloraba, solo decía “amor ni pa’ viuda sirvo. ¡Ay, no, fin de mundo!”. No
me importó estar en un cementerio (las tumbas todavía no tenían lápidas, por
esa razón me confundí).
En la lápida mande a colocar este versículo el cual me dio
y me sigue dando consuelo “Jesús
le dijo: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté
muerto, vivirá.” Juan 11:25.
Marzo de 2013
Amor averigüé no te puedo dar la nacionalidad si no estamos
casados y para solicitar la visa americana es más sencillo por grupo familiar,
así que debemos casarnos. En el registro
está disponible el 23 de marzo por ser nuestra fecha, pero mi hermano se va a
casar ese día, así que nos toca escoger otra
— Ya va, dices tu hermano, como si
tuvieras uno solo.
— -Winder Jorgito, quién más. Los otros
están casados y Álex no tiene novia
— Hablaste con mi mamá.
— ¿De qué?
— Que estás pidiendo la mano de su hijo
en matrimonio.
— Si eres bien ridículo, que voy a
hablar con tu mamá. Vamos a poner la
fecha antes de que esta barriga crezca más.
— No sé, amor. Tengo que
pensarlo, porque tú siempre me has querido atrapar. — Le metí un puño en el brazo, cuajándose de la risa.
Teníamos dieciocho años, porque fue mi
primer novio, con muchos vaivenes como cualquier relación que inicio desde muy
joven, pero nos casamos mucho tiempo después de estar juntos, por nuestras
hijas, nuestros proyectos, y el amor que sentíamos el uno por él otro. La cuestión es que no llegamos ni a las bodas
de algodón, en el congelador seguía el pedazo de torta que se guarda para comer
en el primer aniversario, como cosa rara que no estábamos pendiente de las
tradiciones, quedamos que lo íbamos a dejar para el segundo y no pasó. Ahí
estaba el pedazo en su tumba, solo alcance a mirar al cielo y decirle feliz
aniversario, el haber sido su esposa por la ley permitió que los trámites
legales fueran más sencillos
El duelo no es un swiche que
lo bajas y se pasa, el dolor no se va de un día para otro, el duelo es
un proceso doloroso y oscuro, pero que es necesario vivir para cerrar
el ciclo y dejar todo atrás, no a la persona que perdimos si no al dolor que
vivimos por su partida, solo debemos ser paciente con nosotros
mismos.
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